martes, 23 de diciembre de 2014

Paredes desnudas, corazón lleno

Acabo de cerrar el despacho. Una última mirada y veo las paredes desnudas. De algún modo se queda vacío. Sin embargo, se queda lleno. Lleno de tantas vivencias, de tantas historias, de tantos secretos, de tanto dolor y tanta alegría, de tanta ternura y tanta rabia, de tanta frustración y tanta ilusión, de tantas buenas y malas noticias. Las sillas marrones, austeras y desgastadas, han servido de descanso a tantos, han sido fundamentales en esos cientos, miles de "pasa un momento y hablamos". Se queda vacío, pero lleno de vosotros. Como mi memoria y mis emociones que, después de casi tres años compartiendo vuestras vidas y acompañando vuestras luchas, ya son distintas, porque llevan vuestra huella. Sois grandes hombres y mujeres, capaces de levantaros una y mil veces para volver a intentarlo. Sois gente noble, capaces de hacer lo que sea por el que os quiere bien. Sois gente tierna, capaces de daros por completo en el último abrazo. No os voy a olvidar nunca a todos y cada uno de vosotros y vosotras. Ha sido un privilegio compartir este trecho de vuestro camino, adentrarme con vosotros en vuestros bosques sagrados. Y ahora que nos separamos en esta encrucijada, no os quepa duda: os voy a echar de menos. Hasta siempre.


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